La Primera Nacional volvió a confirmar en estas primeras semanas, tanto para San Martín como para sus hinchas, lo que el fútbol argentino, en general, viene mostrando cada vez con menos pudor: casi nadie logra sostener una propuesta vistosa durante mucho tiempo, casi nadie consigue despegar de verdad y, en la mayoría de las canchas, lo único que termina pesando es ganar. El torneo ya atravesó seis fechas del calendario, aunque con una particularidad decisiva: la cuarta fue suspendida por el paro dispuesto en respaldo a Claudio “Chiqui” Tapia y Pablo Toviggino, de modo que la mayoría de los equipos todavía transita un arranque corto, entrecortado y bastante engañoso para sacar conclusiones definitivas.
La zona B, la de San Martín, es quizá el mejor reflejo de esa paridad. Los primeros puestos siguen apretados, con varios equipos separados por muy poco y sin que ninguno haya logrado afirmarse como un dominador real. Nadie rompe la tabla, nadie marca una diferencia clara y todos siguen moviéndose dentro de un margen mínimo.
En ese contexto, el presente del “Santo” merece una lectura menos ansiosa de la que muchas veces se impone desde afuera. El equipo de Yllana tiene cosas por mejorar: necesita más continuidad en el juego, mayor peso ofensivo por momentos y una versión más estable cuando los partidos se ensucian. Pero también se mantiene invicto, algo que en una categoría tan áspera no es un detalle menor. No es una campaña deslumbrante, pero sí una base competitiva concreta en un torneo en el que casi nadie consigue encadenar autoridad futbolística y resultados al mismo tiempo.
El rol del hincha
La exigencia del hincha de San Martín, de todos modos, también tiene su explicación. El club viene de temporadas en las que quedó obligado a pelear arriba y el contexto reciente elevó la vara. Pero incluso esa impaciencia debería convivir con un dato duro: todavía no hay un equipo que esté marcando una diferencia real en la categoría.
En la propia zona B, por nombre, camisetas e historia, se esperaba más de Quilmes, Chacarita, Deportivo Maipú o incluso del otro San Martín, el sanjuanino, y, sin embargo, todos vienen alternando demasiado. Lo mismo ocurre con Atlanta, que asoma competitivo, pero irregular. Esa falta de despegue puede leerse también como consecuencia de un mercado en el que muchos clubes se reforzaron fuerte y todavía están en etapa de conocimiento mutuo, terminando de acomodar nombres, roles e ideas.
¿Cómo está la otra zona?
La zona A tampoco ofrece un dominador claro. Morón y Racing de Córdoba aparecen arriba en la tabla con 11 y 10 puntos, respectivamente, y la sexta fecha reforzó esa sensación de equilibrio más que de autoridad: Morón goleó a Acassuso, Racing ganó en Los Polvorines, Defensores de Belgrano volvió a sumar, Los Andes metió un triunfo valioso en Caballito y Deportivo Madryn -próximo rival de San Martín- se despachó con un 3-0 sobre Estudiantes de Buenos Aires.
Detrás de ese lote, además, hay clubes llamados a pelear que todavía no arrancan de verdad. Colón acaba de perder 3-1 con San Telmo, Ferro sigue demasiado abajo para su peso específico y el "Pincha" de Caseros aparece directamente hundido en el fondo. La foto general, otra vez, es la misma: un torneo abierto, apretado, sin un equipo que dé sensación de dominio sostenido.
Por eso, discutir hoy si San Martín “juega lindo” o no quizá termine siendo una trampa de época. El fútbol argentino se volvió cada vez más pragmático, más físico, más corto de vuelo. Se juega como se puede, no siempre como se quiere. Y en la Primera Nacional eso se acentúa: canchas difíciles, viajes largos, partidos cerrados y una presión constante por sumar. En ese paisaje, el triunfo vale más que la forma y la tabla manda más que la estética.
Eso no significa resignar la búsqueda de una mejor versión, pero sí entender el terreno. Yllana sabe que tiene que levantar algunas facetas de su equipo, aunque también entiende que seguir sumando mientras se corrigen piezas no es una mala manera de atravesar el arranque.
Lo que viene puede ser una buena medida para comprobar si ese proceso empieza a dar otro paso. El torneo, por ahora, no le está regalando a nadie un lugar de privilegio y en una Primera Nacional donde todos están aprendiendo a sobrevivir antes que a lucirse, eso también puede ser una oportunidad.